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Artículos de Interés General


Cuando Dios llamó a mi puerta

Cuando yo era niño, llamó Dios a la puerta de mi corazón. En aquella temprana etapa vivía tan absorto en los juegos de la infancia que no presté atención a sus palabras lejanas.

Años después volvió Dios a visitarme. Esta vez golpeó con la fuerza de sus nudillos la puerta de mi corazón. Aún recuerdo su voz, pero me asediaban los problemas de la juventud: mi primer amor, los estudios y el ejercicio de diversas cualidades destacables. También en la madurez vino Dios, pero me resultaba imposible escuchar; no encontraba el momento oportuno para responder a su llamada.

Poco antes de morir, estando sumido en las preocupaciones sobre la inminencia del más allá, abrí la rendija de mi puerta para buscar respuestas ante tanta incertidumbre. Me quedé estupefacto: un hombre de cabellos blancos como la nieve y ojos refulgentes permanecía sentado junto a mi endeble corazón. Me acerqué a él y le pregunté qué deseaba.

"Yo soy Dios", me dijo. "Llevo aquí sentado durante toda tu vida para traerte un mensaje de felicidad". Entonces, mis manos acogieron una misión maravillosa que pude disfrutar sólo unos momentos antes de morir.

 
Aprende a ser feliz

Me parece que la primera cosa que tendríamos que enseñar a todo hombre que llega a la adolescencia es que los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en una gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia. Que no es cierto, como muchos piensan, que la dicha pueda encontrarse como se encuentra por la calle una moneda o que pueda tocar como una lotería, sino que es algo que se construye, ladrillo a ladrillo, como una casa.

Habría también que enseñarles que la felicidad nunca es completa en este mundo, pero que, aun así, hay raciones más que suficientes de alegría para llenar una vida de jugo y de entusiasmo y que una de las claves está precisamente en no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarse la vida soñando o esperando la felicidad entera.

Sería también necesario decirles que no hay "recetas" para la felicidad, porque, en primer lugar, no hay una sola, sino muchas felicidades y que cada hombre debe construir la suya, que puede ser muy diferente de la de sus vecinos. Y porque, en segundo lugar, una de las claves para ser felices está en descubrir "qué" clase de felicidad es la mía propia.

Añadir después que, aunque no haya recetas infalibles, sí hay una serie de caminos por los que, con certeza, se puede caminar hacia ella. A mí se me ocurren, así de repente, unos cuantos:

  •  Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma. Descubrir y disfrutar de todo lo bueno que tenemos. No tener que esperar a encontramos con un ciego para enterarnos de lo hermosos e importantes que son nuestros ojos.
  • Asumir después serenamente las partes negativas o deficitarias de nuestra existencia.
  • Vivir abiertos hacia el prójimo. Pensar que es preferible que nos engañen cuatro o cinco veces en la vida que pasarnos la vida desconfiando de los demás.
  • Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías.
  • Creer descaradamente en el bien. Tener confianza en que a la larga -y a veces muy a la larga- terminará siempre por imponerse.
  • En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados.
  • Elegir, si se puede, un trabajo que nos guste. Y si esto es imposible, tratar de amar el trabajo que tenemos.
  • Revisar constantemente nuestras escalas de valores. Cuidar de que el dinero no se apodera de nuestro corazón, pues es un ídolo difícil de arrancar de el cuando nos ha hecho sus esclavos.
  • Descubrir que Dios es alegre.
  • Procurar sonreír con ganas o sin ellas.

La lista podría ser más larga. Pero creo que, tal vez, esas pocas lecciones podrían servir para iniciar el estudio de la asignatura más importante de nuestra carrera de hombres: la construcción de la felicidad.

 
Angeles entre nosotros PDF Imprimir E-mail

Dios estaba en el cielo mirando como actuaban los hombres en la tierra. Entre ellos la desolación reinaba. Mas de 5 millones de seres humanos son pocos para alcanzar la magnificencia divina del  amor?. Suspiró el Señor.

El Padre vio a tantos hermanos en guerra, esposos y esposas que no completaban sus carencias, y ricos y pobres apartados, sanos y enfermos distantes, libres y esclavos separados, que un buen día reunió a un ejército de ángeles y les dijo:

Veis a los seres humanos? Necesitan ayuda!  Tendréis que bajar vosotros a la tierra.

Nosotros?, dijeron los ángeles ilusionados, asustados y emocionados, pero llenos de fe.

Si vosotros sois los indicados. Nadie más podría cumplir esta tarea. Escuchad!, cuando cree al hombre lo hice a imagen y semejanza mía, pero con talentos especiales para cada uno. Permití diferencias entre ellos para que juntos formasen el reino. Así lo planee.

Unos alcanzaran riquezas para compartir con los pobres. Otros gozarían de buena salud para cuidar a los enfermos. Unos serian sabios y otros, muy simples para procurar entre ellos sentimientos de amor, admiración y respeto. Los buenos tendrían que rezar por los que actuaran como si fueran malos. El paciente toleraría al neurótico.

En fin, mis planes deben cumplirse para que el hombre goce desde la tierra, la felicidad eterna. Y para hacerlo vosotros bajareis con ellos! Como los hombres se han olvidado de que los hice distintos para que se complementasen unos a otros y así formaren el cuerpo de mi hijo amado; como parece que no se dan cuenta que los quiero diferentes; para lograr la perfección bajaran ustedes con francas distinciones.

Y dio a cada uno su tarea.  Tú tendrás memoria y concentración de excelencia. Serás ciego.

Tú serás elocuente con tu cuerpo y muy creativo para expresarte: serás sordomudo.

Tú tendrás pensamientos profundos, y aunque no escribirás libros, serás poeta: tendrás parálisis cerebral.

A ti te daré el don del amor, serás su persona, habrá muchos otros como tú en la tierra y no habrá distinción de raza porque tendrás la cara, los ojos, las manos y el cuerpo, como si fueran hermanos de sangre. Tendrás  Síndrome de Down.

Tú serás muy bajo de estatura y tu simpatía y sentido del humor llegaran hasta el cielo: serás gente pequeña.

Tú disfrutaras de la creación tal como la planee para los hombres: tendrás discapacidad intelectual y mientras otros se preocupan por los avances científicos y tecnológicos, tú disfrutaras mirando una hormiga, una flor; serás feliz muy feliz porque amaras a todos y no harás juicio de ninguno.

Tú vivirás en la tierra pero tu mente se mantendrá en el cielo; preferirás escuchar mi voz a la de los hombre: tendrás autismo.

Tú serás hábil como ninguno,  te faltaran los brazos y harás todo con las piernas y la boca.

Al último ángel le dijo.  Te quitare las alas antes de llegar a la tierra y  bajaras con la espalda ahuecada; los hombres repararan tu cuerpo, pero tendrás que ingeniártela para triunfar.  Tendrás mielomeningocele  que significa "miel que vino del cielo".

Los ángeles se sintieron felices por la distinción del Señor, pero les causaba enorme pena tener que apartarse del cielo para cumplir su misión.

¿Cuánto tiempo viviremos sin verte?, ¿cuánto tiempo lejos de ti?

No os preocupéis, estaré con vosotros todos los días. Además esto durara solo entre 60 y 80 años terrenos.

Esta bien Padre, será como dices, 80 años son solo un instante en el reloj eterno. Aquí nos vemos "al ratito", dijeron los ángeles al unísono y bajaron a la  tierra emocionados.

Cada uno llego al vientre de una madre. Ahí se formaron durante nueve meses. Al nacer, fueron recibidos con profundo dolor, causaron miedo y angustia. Algunos padres rehusaron la tarea; otros, la asumieron enojados; otros se echaron culpas hasta disolver su matrimonio y otros mas lloraron con amor y aceptaron el deber.

Sea cual fuere el caso, como los ángeles saben su misión, y sus virtudes son la fe, la esperanza y la caridad, además de otras, todas gobernadas por el amor, ellos han sabido perdonar y con paciencia pasan la vida iluminando a todo aquel que lo a querido amar.

Siguen bajando ángeles a la tierra con espíritus superiores en cuerpos limitados y seguirán llegando mientras haya humanidad en el planeta. Dios quiere que estén entre nosotros para darnos la oportunidad de trabajar por ellos, para aprender de ellos. Y trabajar es servir, servir es vivir y vivir es amar, porque la vida se nos dio para eso.

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

"Maestro, ¿Quién tiene la culpa que este naciera ciego? ¿El o sus padres? Ni el ni sus padres, nació así para que en el se vieran las obras de Dios."Juan 9,1

Y las obras de Dios también se hacen a través de los hombres. Estas obras son la de misericordia, especialmente con aquellos que no nos necesitan. Ven porque tantas diferencias?

Envió: Fray Fernando Rodríguez, O.F.M.

 
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